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PANÓPTICA

by / 0 Comments / 73 View / 3 octubre, 2017

Pablo Torres Lerma.

 

EL DECLIVE

Inmerso en un mundo creado por él y sus allegados, en el que sólo él y su grupo tiene la razón, dónde se minimizan los conflictos y se premia la intriga, la deslealtad, la corrupción y la ineptitud¸ así ha vivido estos 3 años 7 meses el presidente municipal de Huauchinango, Gabriel Alvarado Lorenzo.

Animado por el poder que ostenta y siguiendo el patrón de la mayoría de quienes han ocupado, como él, la oficina de la presidencia municipal, de sentirse seres omnipotentes, sin darse cuenta que los único que los respalda tiene fecha de caducidad, así ha sido la ruta del desencuentro con la mayoría de los grupos sociales que emprendió desde el inicio de su gestión el alcalde.

De tener un grupo plural de colaboradores que lo apoyaron desde su campaña, emanados de distintas corrientes y partidos políticos, que se hacía ver como esa posibilidad que muchos anhelaban y nadie había podido lograr, la de un gobierno plural e incluyente, de esa administración que elevó las expectativas, hoy sólo queda un grupo muy reducido de aduladores, maestros de la intriga y ambiciosos  vulgares que sin duda en la recta final de este gobierno, se han consolidado como la imagen representativa de lo que ha sido y será hasta octubre de 2018 el gobierno municipal de Huauchinango.

Y es en esta etapa de declive (en todos los sentidos) por la que atraviesa Gabriel Alvarado, en la que quizá pueda (si es que por fin quiere), asomarse a la realidad.

Si el alcalde se decide, será una especie de cruda moral a la que se enfrente. Analizará el saldo que su arrogancia le ha dejado; la distancia de su gobierno con más de la mitad de los ciudadanos, la falta de liderazgo dentro de su equipo  de trabajo, que le ha costado incluso el distanciamiento con quienes colaboraban en su gobierno no sólo por sus capacidades, sino por las relaciones de amistad mínimas o estrechas y que al final de cuentas fueron excluidos con pretextos pero sin argumentos de peso, separaciones todas con  rumores de una fuerte influencia de asesores o familiares, quienes más que fortalecer un proyecto de gobierno, vieron oportunidad de cobrar venganza, o quitar de su paso a quienes pudieran tener mejor talento.

También se daría cuenta el alcalde de que las estrategias de coacción, esas que tanto criticó durante su campaña y que prometió no poner en práctica, como la compra de conciencias y que al final ha utilizado en todo este tiempo, no son infalibles.

El ejemplo más reciente ha sido su falta de capacidad para colocar a quien llegará a la Secretaria General del Ayuntamiento, luego de que Eduardo Gutiérrez presentara su renuncia al cargo, tras años de quedar marginado de la toma de decisiones, la operación política y la atención de los problemas más importantes, características principales de su cargo.

Hay que destacar que el primer error de Gabriel Alvarado fue no respaldar decididamente a Eduardo Gutiérrez, abogado de profesión con una trayectoria de más de 30 años,  que incluso es su compadre, dejando operar a otros perfiles como el artesano de las pulseras, Edgardo López, en quien por muy extrañas razones se concentró el poder de tomar decisiones, atender problemas, asesorar al alcalde, entre otros, con pésimos resultados, pero con la “suerte” o ¿compromiso? de permanecer primero en el gobierno y siempre en la nómina.

Si ese fue el primer error y ya conocemos las consecuencias, el segundo error es una muestra de que la manipulación a través de las concesiones no siempre es efectiva. ¿Qué le deberá Gabriel Alvarado al cabildo o que analizaron los regidores para no aceptar ninguna de las tres propuestas que les presentó para ocupar la Secretaría General? O acaso ¿Será que el cabildeo no fue tan Preci$o para que los regidores (incluidos los que llegaron con su planilla) aceptarán su propuesta? Como casi siempre las preguntas no tienen respuesta inmediata, pero el tiempo siempre arroja la verdad.